Esta crema de calabaza casera es un entrante o un snack de media tarde que reconforta nada más probarlo: suave, sedosa y muy fácil de digerir. Lleva pocos ingredientes, está lista en unos 35 minutos y se toma igual de bien en un vaso pequeño que en un plato hondo.
La textura cremosa no viene de la nata, sino de la propia calabaza bien triturada. Por eso el truco está en cómo la cocinas y cómo la trituras, no en lo que le añades.
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Crema, puré o sopa: ¿en qué se diferencian?
Una sopa suele llevar los trozos enteros y más caldo. Un puré es más espeso y se come a cucharadas, casi como guarnición. La crema se queda en el punto medio: líquida lo justo para tomarla con cuchara o en vaso, y completamente lisa.
Esa es la textura que buscamos en esta crema de calabaza casera, y la que mejor funciona cuando quieres tomarla como snack. Las cantidades exactas de cada ingrediente las tienes en la tarjeta de receta; aquí me centro en cómo conseguir el punto perfecto.
Tres trucos para una crema de calabaza casera sedosa
Si quieres que se cocine rápido y por igual: corta la calabaza en trozos pequeños. Con trozos parecidos todo queda tierno a la vez y el tiempo total baja bastante.
Si buscas la textura más sedosa: tritura la crema en caliente. La calabaza se deshace mejor mientras conserva parte del calor de la cocción, y la mezcla sale mucho más lisa.
Si te queda demasiado espesa o demasiado líquida: ajusta el caldo poco a poco mientras trituras, hasta dar con la consistencia que más te guste. Y si aun así notas grumos, pásala por un colador fino y quedará perfecta.
Por qué esta crema de calabaza casera sacia sin pesar
La calabaza tiene muy pocas calorías, aporta fibra y es rica en betacaroteno, el pigmento que le da su color naranja y que el cuerpo transforma en vitamina A, como detalla Medical News Today. Al prepararla con caldo de verduras en lugar de nata, consigues un snack bajo en grasa que sigue siendo cremoso y bastante saciante.
Yo le añado unas gotas de aceite de oliva al servirla, porque la vitamina A se absorbe mejor acompañada de un poco de grasa. Además, es muy versátil: vale como entrante antes de una comida o como snack independiente a media tarde.
Cuatro maneras de servir tu crema de calabaza casera
- Con jengibre fresco rallado: aporta un toque picante que cambia el sabor sin volverlo demasiado intenso.
- Con leche de coco: sustituye parte del caldo por ella para una versión más cremosa y con un ligero toque exótico.
- Con pipas de calabaza tostadas: su crujiente contrasta muy bien con la suavidad de la crema.
- Con un chorrito de nata vegetal: solo si buscas algo aún más cremoso en ocasiones especiales.
Servida en vasitos pequeños queda muy vistosa y funciona de maravilla como entrante para una cena con invitados, sin apenas esfuerzo extra.
Tres días en la nevera y se congela muy bien
Esta receta rinde para 4 personas. En la nevera aguanta hasta 3 días y también se congela muy bien en porciones individuales, así que es cómodo tenerla lista para los días de más frío. Al recalentarla, remueve bien y añade un poco más de caldo o agua si ha espesado tras pasar por la nevera o el congelador.
Preparar tus propias cremas de verdura, como esta crema de calabaza casera, en lugar de recurrir a versiones envasadas, te permite controlar la sal y la grasa que lleva y evitar los conservantes habituales de los productos ya preparados.
Crema de calabaza casera
Ingredientes
- 800 gramos calabaza (pelada y troceada)
- 1 cebolla
- 1 zanahoria
- 750 mililitros caldo de verduras
- 2 cucharadas aceite de oliva virgen extra
- sal al gusto
- pimienta al gusto
Instrucciones
- Pica la cebolla y la zanahoria en trozos pequeños.Calienta el aceite de oliva en una olla grande y sofríe la cebolla y la zanahoria durante 5 minutos a fuego medio.Añade la calabaza troceada y sofríe 3-4 minutos más.Vierte el caldo de verduras hasta cubrir las verduras.Cocina a fuego medio durante 20-25 minutos, hasta que la calabaza esté muy tierna.Tritura todo con una batidora de mano hasta obtener una crema fina y homogénea.Ajusta la sal y pimienta al gusto, y añade más caldo si prefieres una textura más líquida.Sirve caliente, opcionalmente con un chorrito de aceite de oliva por encima.


